sábado, 15 de junio de 2013

Amor sagrado. Una historia más.

Maryam es el nombre ficticio de una mujer como cualquiera de nosotras, que ha tenido un aprendizaje a través del amor y la pasión. Vivir esta experiencia la llevó al desgarro y la incertidumbre. En un momento, la luz de la comprensión emerge y descubre la respuesta.  

Maryam estaba hecha trizas, los hombres la habían desilusionado y herido demasiado. Hacía un tiempo que estaba separada y se había cerrado a la posibilidad de volver a intentar.
Era muy joven aún, tenía 22 años.
Había vivido experiencias muy duras y todo lo que ella creía, se derrumbó. Muchos hombres eran los que se acercaban para invitarla a salir, mayormente casados, lo que le hacía ver que todo en la vida era un engaño. Sus amigas casadas también tenían sus affaires.
No juzgaba lo que veía, solo que si algo tenía bien en claro era que ella no quería eso para su vida.

Debería vivir, aún, algunas cosas para lograrlo.

Frecuentando un grupo social, conoce a un hombre. Bastante más mayor que ella pero distinto. Él pareció haber sucumbido ante ella cuando “la descubrió”(*).  Si bien ya venían compartiendo el mismo círculo, jamás se habían acercado para hablar.
Le dijo que la amaba. Así nomás. Que era hermosa. Que era hermosa como una virgen. Se lo decía y se emocionaba.

Imagínate, Maryam no tenía idea de quién o qué era esa persona que había conocido. Tenía un desconcierto total, absoluto.
Poco a poco, lo dejó acercarse y comenzaron una relación que duró 14 años, de los cuales 13 fueron de convivencia.

Él le enseñó el amor, la comprensión, la ausencia de querer dominarla, el respeto y el cobijo. Él le mostró el camino de la espiritualidad.
Ella creía amarlo. Había dejado de temer. De resguardarse. Se pudo abrir.
Era inofensivo. Estar con la guarda baja era inusual para ella.
Lamentablemente, esa pasividad que él tenía para las cosas mundanas marcaba una gran diferencia entre ellos. 
Maryam era bastante más activa que él y con muchas iniciativas y, con frecuencia lo incitaba a hacer cosas juntos que fracasaban antes o durante la acción.
A medida que pasaron los años y los problemas económicos acecharon, las diferencias se acentuaron aún más y pareció calarse una brecha. A pesar de todo esto, ella sentía un amor enorme hacia él. Lo amaba.

Ella toma la decisión de retomar unos estudios. Conoce a un profesor, entre tantos que había en el lugar, más joven que su pareja y bastante atractivo. Pero ella no lo descubrió. 
En el segundo año de cursada, él posa los ojos en ella y se le acerca aparte para hablarle de la materia a estudiar.  Ahí, en ese momento, ella lo descubre, lo vé por primera vez como hombre y sintió su corazón saltar. Además nota que él tiene especial interés en conquistarla.

Episodios de culpa y tortura.


Maryam siente una fuerte atracción por este hombre y un deseo terrible de llevárselo a la cama, de degustarlo, de sentirse entre sus brazos. Tartamudeaba al hablarle! Nerviosa cuando veía que se le estaba acercando! Sentía que sus estructuras tambaleaban, sentía que perdía poder y autonomía. Era como si éste hombre pudiera hacer lo que quisiera con ella sin que pudiera negarle absolutamente nada.
Luego de las clases, al regresar a su casa, absorbida en su vorágine de sensaciones sabía que tenía que disimular al llegar. Y una vez adentro, comenzaba el martirio. Sentía que era terriblemente desagradecida, que estaba cometiendo una falta grave que su pareja no merecía…y así, día tras día.

Maryam solía decir que ese momento lo podría graficar como que ella era un mar, violento y tempestivo que golpeaba una y otra vez contra los muros de contención. Que temía “desbordarse”.
Estaba sintiendo algo apasionado, como nunca antes. Por otro lado también vivía el padecimiento de su “gran pecado”.
Este muchacho se acercaba cada vez más y ella sabía que mucho más no iba a poder decir que no. Él le hacía saber con insistencia lo que sentía por ella y eso la desestabilizaba aún más.

Maryam terminó por abandonar sus estudios y esconderse en su casa. Al año siguiente retomó las clases en otro lado, pero el muchacho la encontró. La encontró porque nunca la dejó de buscar.

Todo se reveló en su casa y ella tuvo que decidir.  Y se quedó adonde se sentía segura. Adonde nada la dañaría ni le desataría esa “tempestad” con la que venía luchando.
Se quedó mucho tiempo anulando cada una de las cosas que la relacionara al profesor, cada sensación, las cartas que él le había escrito, las canciones dedicadas. Fue matando todo de a poco. Lentamente volvió a la calma habitual.  Comenzó a estudiar en su casa y salir para los exámenes. Evitó los círculos sociales. Y comenzó a mirar al suelo cuando salía a la calle. Tenía 28 años.

Qué temía???

Se mudaron de casa, de barrio, de provincia a capital. Y Maryam comenzó a trabajar en el comercio de una amiga atendiendo al público. Por lo tanto, eso la puso en contacto de nuevo con la gente. Se animó a sonreír y a hacer brillar sus ojos; eso le atrajo nuevas invitaciones pero se divertía con eso…
Conoció hombres que le atrajeron, no tanto como aquel profesor, algunos más otro menos. No obstante, sabía que guardaba en secreto ese fuego dormido.
Comenzó a preguntarse qué era lo que le pasaba, si realmente era la persona que se merecía tener a un hombre tan bueno a su lado. Sentía que lo amaba. Sentía, asimismo, que estaba “torciéndole el pescuezo” a una parte de su propio ser, esa parte que sujetaba tan concienzudamente, porque tenía que hacer lo que era correcto. Y así poder dormir sin culpas…
Visitó al padre de una amiga que estaba a horas de partir de este mundo y la imagen la impactó. Se preguntó: Así se va la vida, tan silenciosamente? Y qué hago con lo que soy y no fui? Me muero llevándome las ganas de ser?

Era evidente que en sus planteos estaba conciente de que lo que tenía como vida armoniosa o perfecta no coincidía con esa mujer tempestuosa que tenía ganar de vivir.
Pasó el tiempo, seguía intentando encontrar en su pareja a ese hombre que le despertase su parte apasionada y salvaje pero era en vano.
Se sentía desolada.
Ella sabía que lo amaba. También sentía que lo traicionaba. Tenía culpa. Al mismo tiempo se le estrujaba algo por dentro, que quería manifestarse.

La situación de pareja ya estaba mal, él presentía la separación porque Maryam ya no era la misma.

Esto se fue acentuando cada vez más. Sus preguntas eran: qué es lo que está bien y lo que está mal? A menudo decía: no debo, no debo, no debo…pero qué hago con lo que siento?  Hago lo que está bien, sin embargo me quedo como vacía… Porqué me siento insatisfecha?
Lloraba en silencio. Estaba mal con ella misma.
Sentía algo en su corazón, un dolor increíble. Se manifestaba la guerra entre la mente y el corazón. Y ella era el campo de batalla. Se deprimió, se apagó.
Todo iba perdiendo sentido de a poco. Se enfermó.
Pero lo amaba, y lo sabía. Estaba en un callejón sin salida.

Reconocer al Amor

Comenzó a pedir respuesta a lo Alto. Y en un momento de profunda tristeza la respuesta llegó.
Estaba recostada en el sillón en la oscuridad, en posición fetal <como nos ponemos cuando nos protegemos del mundo>, mirando dentro de su mente lo sucedido, y empezó a recorrer para atrás. Rememoró las circunstancias en que conoció a su pareja y de pronto vió todo claro.
Su pareja le llevaba casi 20 años, fue el amigo, el padre, el hermano, el hombre que la regresó a la vida, que la sanó de sus heridas, que le mostró a Dios y le dio una creencia en la vida. Y se acordó que él nunca le había despertado la pasión sino que fue el gran sanador de su alma. Y lo amaba, claro que lo amaba!! Lo amaba como a nadie había amado.  

Le llevó tiempo tomar la decisión. Todo fue muy doloroso. Maryam se preguntaba porque tenían que ser así las cosas y le reprochó a Dios que él no haya sido el hombre con el que ella se hubiera apasionado. No quería que las cosas fueran así. Sin embargo, sabía también que ella quería vivir.
Se separaron como pareja aunque jamás se separaron entre sí. Tenía 36 años.

A veces cuando hablamos, Maryam me dice que siempre lo amará. Que, a veces, se encuentran a charlar de sus vidas y que ambos tienen en claro que ese amor que los une, trasciende lo terrestre. Que se aman inmensamente y más allá de los tiempos.

Aunque parezca increíble, cada uno continuó sus vidas, él halló un nuevo rumbo a la suya. Asimismo comprendió todo perfectamente y reconoció que en los últimos años el vínculo entre ellos había sido muy fuerte y sin embargo, no le molestaba perderla como mujer, solo que no quería perderla de su vida. Que la amaba profundamente, que amaba su alma. Y que él era feliz si ella lo era.

Maryam entendió que no debía abandonar al amor porque el amor jamás la abandonaría.

                                                                        Namasté

Marcela Alvarez




(*) Me refiero al ver como el ver al pasar, el mirar cotidiano, sin percibir ningún detalle de lo observado. Y descubrir cuando, de pronto, parece que se descorriese un velo y comenzas a darte cuenta de las particularidades y belleza de lo observado.


2 comentarios:

  1. Precioso relato! A veces nos acostumbramos a la rutina y nos aferramos por seguridad a ella, como decís Marce, apagando parte de nuestras esperanzas por un montón de temores como el que dirán, yo no puedo hacer esto o no soy así. Cuando en verdad la vida es mucho más simple y como dice la canción: "solo se trata de vivir, esa es la historia"
    Gracias, como siempre 1 placer leerte.

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  2. Así es, Alexa, la vida es simple. Tenemos el arte de complicarnos la vida y de racionalizar todo. La mente suele ser nuestra peor enemiga, la búsqueda de "lo seguro", el conformar a los demás, los mandatos, el "qué dirán", son todos contenidos de la mente..., contenidos que provienen del exterior!!!!
    El poder vivir en la simpleza es solo un paso, aunque uno grandioso.
    Agradecida por tu comentario. Namasté, Alexa.

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