Tenemos que esforzarnos
para que nuestras almas crezcan de forma natural y alcancen sus profundidades
naturales.
La naturaleza salvaje no
exige que una mujer sea de un determinado color, que tenga una determinada
educación y un determinado estilo de vida o pertenezca a una determinada clase
económica…
De hecho, no puede
desarrollarse en una atmósfera de obligada corrección política ni puede ser
doblada para que encaje en unos moldes caducos.
Se desarrolla con la mirada pura y la honradez personal.
Se desarrolla con su
propia manera de ser.
Por consiguiente, si eres
introvertida como si eres extrovertida, una mujer amante de la mujer, una mujer
amante del hombre o una mujer amante de Dios o las tres cosas a la vez, tanto
si tienes un corazón sencillo como si eres tan ambiciosa como una amazona,
tanto si quieres llegar a la cima como si te basta con seguir tirando hasta
mañana, tanto si eres alegre como si eres de temperamento melancólico, tanto si
eres espléndida como si eres desconsiderada, la Mujer Salvaje e pertenece.
Pertenece a todas las
mujeres.
Por consiguiente,
pongámonos en marcha ahora mismo y volvamos a recordar nuestra alma salvaje. Dejemos
que su carne vuelva a cantar en nuestros huesos. Despojémonos de todos los
falsos mantos que nos han dado. Cubrámonos con el verdadero manto del poderoso
instinto y la sabiduría. Penetremos en los territorios psíquicos que antaño nos
pertenecieron. Desenrollemos las vendas, preparemos la medicina. Regresemos ahora
mismo como mujeres salvajes que aúllan, se ríen y cantan las alabanzas de
Aquella que tanto nos ama.
Para nosotras la elección
no ofrece duda. Sin nosotras, la Mujer Salvaje se muere. Sin la Mujer Salvaje,
nos morimos nosotras.
Para la vida, para la verdadera vida, ambas tenemos que vivir.
Clarissa Pinkola Estés



